Guayama Grande, el vídeo (por fin)

Un recuerdo, un guiño, una sonrisa, una idea, una obsesión, una liberación y una cadena… Todo y nada.

Por fin ha llegado la producción más costosa de lo que llevo de año. Un film lleno de acción, fantasía y sexo, sobre todo mucho sexo (así veréis el vídeo hasta el final)…

Canguil (palomitas), sofá, pañuelos y a disfrutar.

(Quizás el navegador necesite instalar un plugin, si no lo tenéis actualizado, para poder ver la película. Aceptáis y solucionado)

http://guayama.hastio.com/wp-content/uploads/Guayama3.flv

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Síndrome post-vacacional

Aún no he superado mi regreso a España. Pienso tanto en mis experiencias en Ecuador y tengo tantas ganas de regresar…

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El regreso

Las primeras cosas que he hecho al llegar a España:

  • Escupir en el suelo (en España es una mala costumbre, en Ecuador es sólo una costumbre).
  • Comprarme un Ducados… me he mareado después de la primera calada.
  • Meterme la colilla apagada en el bolsillo (hasta la fecha, no he tirado ninguna colilla al suelo).
  • Comprarme unas galletitas de chocolate (Katharina lo entenderá).
  • Querer pagar en dólares y hablar todavía de centavos y no de céntimos.
  • Seguir socializándome y charlar con la gente.
  • Escuchar unas cuantas veces seguidas el Karaway, Vicente Fernández y el Tri.
  • Tomarme un cortado. ¡Bufs! ¡Qué placer! ¡Qué rico está el café en España!
  • Dormir abrazado a mi queridísimo cojín. Parece ser que ya es completamente mío.
  • Echar unas lágrimas.

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¡Chugchilán, mamá!

Chugchilán, mamá

A ChugchilánIñaki comentó que en Chugchilán colaboraban dos voluntarias italianas. Ya sabemos mi predilección acerca de las italianas (perdón, de las voluntarias italianas), así que hay que conocerlas. Bueno, realmente considero que tiene que haber un vínculo entre todos los voluntarios y cooperantes de la zona, para que otros lleguen donde uno no puede llegar. Chugchilán, además, es la parroquia a la que pertenece Guayama Grande, así que está bien ir a conocer el lugar.

Curiosamente, hoy nos hemos levantado todos bastante pronto y a caminar. El trayecto dura más o menos unas dos horas. Cédric sufre del corazón y hemos tenido que parar bastante a descansar y a tomar aire (Iñaki y yo sólo sufrimos nuestros vicios con el tabaco y la enfermedad de la edad). El paisaje es fantástico, muy hermoso. Las fotos no acaban de mostrar toda esta belleza.

Camino a Chugchilán        Llegamos a Chugchilán sobre las 12 de la mañana y nos dirigimos directamente al hostal Cloud Forest, un edificio que ya presume maneras. No nos decepciona. Comemos un par de hamburguesas (¡carne, carne!), con papas, claro, y observamos que hay 2 francesas en el hostal. Son Lulú y Aurèlie, dos cooperantes que hacen su trabajo en Quito. Se les acaba el voluntariado y están de excursión al Quilotoa. Hablamos y hablamos, jugamos a cartas y a cartas e Iñaki va haciendo mojitos y mojitos…

Un poco más tarde aparece otra chica, es Catarina, una voluntaria alemana destacada en Chugchilán. Aunque no lo sepa en estos momentos, más adelante, Catarina, junto al resto de voluntarias alemanas, se convertirán en mis salvadoras, en mis ángeles –caídas, claro. Catarina me comenta que en la escuela de Chugchilán necesitan a un informático. Interesante. Me lo pienso.

Están locos estos franceses También aparecen 2 franceses: Thierry y Laurent (creo que se llaman así), y las dos compañeras de Catarina.

Seguimos con los mojitos… Esto del voluntariado en el último rincón del mundo no parece tan duro…

Pero nos llega una muy mala noticia. Hace una semana, cuando estábamos en Latacunga, el padre de Cédric tuvo un ataque al corazón. Afortunadamente, le operaron y todo fue muy bien. El teléfono de Cédric vuelve a sonar hoy: su hermano ha fallecido.

Se acaban los mojitos y le hacemos compañía.

Cena en el Cloud Forest Cédric se va animando. Debido a sus problemas de corazón, tiene muchas ganas de vivir, de seguir viajando por Sudamérica. Se ha pasado muchos años encerrado en hospitales y no tiene ganas ni de regresar a ellos ni de acabar prematuramente su viaje para regresar a Suiza. Seguimos bebiendo mojitos.

Todos los huéspedes cenamos al mismo tiempo. Es un clima realmente bonito. Todos riéndonos, haciendo el idiota. Genial.

FieshtaY después de la cena viene lo mejor. José Luis, el jefe del hostal, ha llamado a su hermano y a dos amigos más. Vienen a hacernos un concierto. Como todos ya tenemos algo de alcohol en sangre, ya estamos animados. Se nota. Esta noche bailamos, reímos, tomamos, disfrutamos… Mención especial ha de tener la Canción del Mí que me marqué, canción que, desde entonces, me va a perseguir hasta la tumba.

Es la mejor fiesta en Ecuador, Karaway incluido. Cuando se van todos a dormir, me quedo fuera, relajado, tomando una cerveza. Necesito pensar. Y a dormir.

Finalmente, no había cooperantes italianas… Eran alemanas. Tendré tiempo para conocerlas.

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Culo veo, culo quiero

Me está gustando esto de levantarme el primero para poder hacer mis cositas. Hoy ha tocado ordenar fotografías. Viene Hortencia, la vecina, a pedirnos que quiere 2 mesas, una para comer y la otra para estudiar; exactamente como las dos que nos hicimos los voluntarios, una para comer y la otra para poner los pies…

Parece ser que las cosas aquí tienen un mismo ciclo: si algo va bien, yo también quiero. Culo veo, culo quiero.

Lo jodido es que debemos ser nosotros quienes bajen un tablón de Comuna… Madre mía, con lo que pesan los condenados. Y quiere que las tengamos hechas a mediodía… (me aplicaré eso del horario ecuatoriano y con un poco de suerte estarán listas para la semana que viene).

En la casa de voluntarios hay un gran problema que nos preocupa más que unos tablones y que una mesa: nos hemos vuelto a quedar sin tabaco.

Después de preguntar en las tiendas del pueblo decidimos ir a Guayama san Pedro. Los vicios son una buena excusa para esforzarse cada día… Allí hacemos algunas compras indispensables (básicamente galletas) y nos tomamos una cerveza y unas sardinas con tomate. Como en España. Juego un poco con unos niños y una pelota de tenis. Tropiezo y los niños no paran de reírse… (¡que cab…es!). Se acaba el juego y regresamos a Guayama Grande.

Mesitas... Curiosamente, comenzamos a construir el esqueleto de la mesa pequeña. Lástima que empieza a llover, metemos unas papas a resguardo, y dejamos la mesita para otro día.

Y a clase, a explicar los números romanos a una adulta que estudia a distancia. Vienen los de Funhabit pero en ningún momento tengo contacto con ellos. Más tarde me justificaré afirmando que prefiero enseñarle algo tan útil e imprescindiblemente necesario como los números romanos a una alumna…

Y rutina nocturna: películas, huevos y plátanos fritos, y cama.

Hemos decidido ir mañana a Chugchilán, a conocer a las voluntarias. ¡Uy!, perdón, a conocer los alrededores.

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Bloques, digitalización y W.C.

En la soledad del desayuno de esta mañana he estado aprendiendo kichwa. Más bien tendría que escribir que sólo lo he intentado. Es complicado. Estoy contento, eso sí, por haber descubierto estructuras gramaticales.

Sobre las 9:30 llaman a la puerta: ¡ha llegado el bloque! Y sólo con 3 días de retraso. A ver si Ecuador está cambiando…

Bloque He despertado a mis compañeros y a sacar el bloque del camión. Segundo, para ahorrarse unos centavos, ha comprado un bloque demasiado fino (de 9 centímetros) –el adecuado para un edificio rondaría los 12 centímetros- y eso significa que son muy frágiles. Traducción: de cada 3 ladrillos que bajábamos del camión se rompía 1. Además… ejem, ejem, si los hubiéramos apilados correctamente se habrían roto muchos menos…

Transportamos los bloques adonde irá la futura granja. Como al principio somos muy machos, transportamos bloque de cuatro en cuatro. Como poco después creemos que hemos perdido la chulería, nos vale con transportarlos de dos en dos, uno por mano.

A media mañana me quedo en casa redactando las modificaciones del nuevo estatuto, las concernientes a la eliminación de tantos cargos inútiles. Parecería que simplemente hay que cambiar un artículo y solucionado, pero no es así. Es bastante el articulado que hay que modificar para hacerlo correctamente.

Esfuerzos Después de comer me quedo dormido en el sofá y me levanto algo tonto. Iñaki y Cédric siguen moviendo bloque. Les acompaño.

Y a dar más clases.

Más tarde, Iñaki me pasa una libreta con el censo de la comunidad. Me parece una buena idea informatizarla. Son 28 familias y me llama la atención una cosa: prácticamente todos los apellidos son Pilatasig y Pilaguano. (Nota mental: tengo que realizar un análisis de todo esto).

De paso y ya que estoy con la computadora, decido informatizar los estatutos de la Asociación de mujeres.

Transporte de agua En la casa de voluntarios no tenemos agua corriente y, fundamentalmente, esto se nota mucho en la limpieza de platos y, sobre todo, en el uso del W.C. Después de usar las revistas (bendito eufemismo) tenemos que utilizar un balde con agua que sacamos de un enorme bidón. Este bidón tiene una capacidad de unos 60 litros. La mala noticia es que de vez en cuando hay que llenarlo. Y llenar un bidón con esta capacidad a base de un balde y una regadera de una capacidad máxima de unos 3-4 litros se transforma en un trabajo realmente tedioso. Hay que ir y venir de la fuente continuamente. Me da la impresión que me voy a quedar toda la noche dando vueltas… Afortunadamente me ayuda el pequeño Lucio. Debo añadir que el llenado de este bidón nos ha traído algún conflicto con los vecinos… A nadie le gusta llenarlo.

Bailo con Cédric mientras Iñaki graba un vídeo. Mis compañeros ven La última tentación de Cristo. Yo estoy agotado, debe ser el trabajo de hoy. Me voy a la cama. Buenas noches.

P.D.: Quizás algún día publique ese vídeo.

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Disfraz de antropólogo

Amanece para mí sobre las 7:30. Rutina de todas las mañanas: a hervir agua y a tomarme el café –indescriptiblemente horrible el de esta mañana. Poco después salgo hacia una de las dos tiendas de la comunidad (la que suele estar un poco más abierta que la otra) a comprar pan (está bien, realmente es para comprar tabaco…).

Escuela Veo a los niños en la escuela (¡anda! ¡hay escuela!). Van todos “disfrazados” con una especie de manta/foulard; de color rojo en los niños y de color rosa en las niñas. La escuela es un sencillo edificio de 4 paredes al lado de la cancha de fútbol-baloncesto-ecuavolley.

Me gusta sentirme solo en medio de la comunidad, creo que es la primera vez que me quedo solo.

Al regresar a casa, mis compañeros siguen durmiendo. En teoría, sobre las 7 de la mañana llegaba el bloque para comenzar la construcción de la granja. Hora ecuatoriana, claro. Habrá que dejarlo para otro día.

Charlando con el vecino sobre la manera de poner agua corriente en la casa, aparece Miriam, una chica de 16 años, portando en una carretilla picos y palas. Me dice: “vamos a construir”. Intento escaparme, pensando en alguna excusa que sirva, pero realmente quiero ir a ayudar, a mezclarme entre estas buenas gentes sin Iñaki ni Cédric (ya tendré tiempo de arrepentirme).

Parece ser que no tuve suficiente con el foso del inicio de la construcción de la granja. Ahora hay que hacer lo mismo pero con una dificultad añadida: la futura casa está justo en la ladera de la montaña así que, para que el suelo sea horizontal, hay que cavar y cavar… y cavar… y cavar… El trabajo es duro, la verdad, pero el aire me va llegando mucho mejor a los pulmones. Estamos haciendo una casa para la hermana de la esposa de Eusebio y su futuro marido. Es una minga familiar: la familia se une para construir algo. ChalinaComo podréis entender, aquí, en estos parajes, no suele haber grúas ni andamios, así que como las familias y la gente de la comunidad no se ocupe de sus propias construcciones, nadie lo va a hacer. Estamos trabajando 4 hombres y los niños. Las mujeres preparan la comida (casi siempre están preparando comida), aunque cuando están “libres” no tienen reparo ninguno en coger un pico y ponerse a picar, incluso con el wawa (niño pequeño, bebé) amarrado con la chalina en la espalda. Las niñas juegan a llevar ositos en chalinas, en España los llevarían en carritos.

Entre picotada y palada conversamos un poco sobre el kichwa, sobre España y mi vida, sobre la edad, y cosas así. Miriam está muy interesada en saber si estoy casado o no (no quiero imaginarme el porqué). Intentan enseñarme su idioma, algunas palabras (allku, shimi, rinri…), pero parece realmente difícil. ¡Oño, que esta gente sólo usa 3 vocales! (Nota curiosa: ahora entiendo por qué tenían tantos problemas entre la e y la i cuando escribían en español). Lo único interesante que he descubierto hoy del kichwa es que no tiene artículos. Buen logro el de hoy.

Pero eso no es todo. Sobre la una del mediodía se pone a llover de lo lindo y los compañeros de armas me dicen que me quede a comer. Al principio me da un poco de miedo, pero acepto la invitación. A fin de cuentas, es lo que he venido a hacer en Guayama. El comedor es un techo con cuatro postes y se intenta proteger por las mismas paredes de la montaña. Hace frío. Me ofrecen sentarme sobre un cómodo tronco de árbol y me añaden una manta debajo. Me dan un plato de sopa, con papas, y está ardiendo. Me dan otra manta para sujetar el plato, menos mal. Es el día que más lluvia he visto aquí, y no amaina. No me entero nada de nada de lo que hablan, pero para mí que me quieren casar. Sólo intento sonreír, nada más. Plácidamente vamos comiendo hasta que la lluvia va destruyendo la pared… Nos vamos a hundir.

Los hombres nos reunimos en una pequeña construcción, hecha de ladrillo y protegida de la lluvia. Conversamos sobre los estilos de vida europeos y ecuatorianos. Me quedo solo con Eusebio y me da la impresión de que ésta es la mía: conversamos sobre los indígenas andinos ecuatorianos. Las mujeres se suelen casar sobre los 15 años (ahora entiendo lo de Miriam, que se le pasa el arroz) y suelen tener unos 10 hijos… Aunque, eso sí, me comenta que poco a poco ya no se tienen tantos. Aunque más adelante tendré una discusión con Iñaki y con José Luis, en el Hostal Cloud Forest de Chugchilán sobre este tema (todo a su tiempo), yo, como buen MarvinHarrista que soy, tengo que estar de acuerdo con Eusebio. No es porque lo haya visto, ni porque lo haya comprobado; es simplemente un tema de producción. Los maridos intentan ganarse la vida en la gran ciudad, Latacunga, así que la cría de los bebés y el cuidado del campo y de los animales corre a cargo de las mujeres y los hijos un poco más mayores (saber andar es un requisito suficiente para poder empezar a trabajar). El ganado es cada vez menor y los cultivos son menores debido a que las tierras están bastante agotadas. Tener hijos ahora no es tan “rentable”. De todas formas, en mis análisis antropológicos, ya tendré más tiempo para extenderme en esto.

En mitad de la charla nos traen más comida: arroz con papas. No sé si forma parte de la misma comida de dos horas antes, si lo anterior era sólo un vermut o si aquí se come continuamente. Eusebio me dice que hay que ir a Comuna, que hay una reunión con la asociación de mujeres. Le pregunto a que hora es la reunión.

- A las 3.

Son las 4 menos diez.

Finalmente salimos hacia comuna y nos pasamos antes por su casa. Conozco a su mujer, aunque estaba trabajando también en la minga. Sigue lloviendo y me deja un poncho y vamos hacia la reunión. Curiosamente no somos los últimos en llegar (hora ecuatoriana). Me reencuentro con mis compañeros.

El tema del día es proponer una pre-candidata para la junta parroquial de Chugchilán. Al cabo de hora y media empiezan a debatir. Deberíamos también cambiar unos artículos de los estatutos de la Asociación: el que dice que la junta directiva lo forman 9 personas… Es una asociación de mujeres con 10 mujeres y 2 hombres.

Les decimos que el cambio de artículos del estatuto ya lo haremos nosotros por la noche. No lo hacemos. Nos acostumbramos demasiado a la hora ecuatoriana.

¿Cómo estaba la plaza? Intentamos ver una película y empiezan a aparecer críos por todas partes. No cabemos ni en el sofá. Iñaki se cocina una tortilla de patatas, riquísima, fantástica. Casi como las de mi mamá. Después de la película nos aburrimos. La única solución que se nos ocurre es poner otra película. Cepillado de dientes y a dormir. Mejor dicho, a escuchar escarabajos voladores y ratones.

Hoy ha sido uno de los mejores días en Guayama Grande desde que estoy aquí. He hecho minga, he comido con ellos, me han invitado a sus casas. Realmente esto es lo que quería. Lástima que no cogí la cámara de fotos.

Mañana llegará el bloque, en teoría.

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Mate de Coca…

Mate de coca

 

Las ojeras y los Iliniza

Sobre las 6 de la mañana llaman a la puerta. Es el guía que acompaña a la pareja afincada en Italia (no recuerdo su nombre, cachis). Hay que ver la salida del sol. Iñaki y yo salimos como podemos, seguro que con unas ojeras hasta la barbilla. Cédric es el más inteligente de los tres: sigue durmiendo.

Llegamos a lo alto del Quilotoa, casi corriendo –es que es subida- y nos unimos Preciosoal pequeño grupo de María y su guía. Las nubes que hay nos permiten contemplar los Iliniza, la pareja de volcanes, pero del Cotopaxi no sabemos nada. Nos lo acabamos de perder por apenas 5 minutos. Lástima. Las nubes corren demasiado rápido por estos páramos. De todas formas, todo esto es precioso. Merece la pena haberse levantado a estas horas.

De regreso al hostal desayunamos los cuatro largo y tendido, con mate de coca. La extensa conversación hace que Paolo, que no se encuentra demasiado bien del estómago, se mosquee. Parece ser que han pagado mucho dinero al guía como para mantener una conversación relajada mientras se desayuna.

Finalmente, Cédric se levanta, el trío marcha en carro y nosotros pensamos en la manera de regresar a Guayama. Después de mucho esperar, conseguimos un carro por 10 dólares, aunque nos pedía 20. Aquí todo es negociable. No sólo el vendedor debe conocer el precio, el comprador también debe tener un precio aproximado de lo que quiere pagar.Madrugando...

Nos subimos en la parte posterior del carro. ¡Qué frío! Afortunadamente, va bajando gente y un poco más adelante podemos pasar al interior. Nuestro conductor nos pregunta acerca de la crisis financiera y se lo intento explicar como puedo y, claro, la siguiente pregunta es por qué los estados no ponen más billetes en circulación…

Le intentó explicar lo de la inflación, pero es inútil. Dejamos de conversar.

Por fin llegamos a casita. Comida y película. Llegan Segundo y el maestro constructor. Pienso en Los Pilares de la Tierra y que la granja va a tener proporciones de catedral. Negociamos precios y esas cosas. Siempre es agradable charlar con Segundo, es una persona muy agradable.

Casi en la guerrilla...Lo que necesitamos ahora son los bloques y el cemento. Pero ya llegarán. Estamos en Ecuador y las cosas se van haciendo… Es imposible estresarte.

Por la noche, mientras vemos otra película, aparece Alfonso, el vecino, con su hijo, Lucio. Me da la impresión que viene porque quiere tomar y fumar. Conversamos acerca de la chimenea que le dijimos que le construiríamos. En seguida me dice eso de “compañerito, ¿un cigarrito?”. Poco después nos pregunta si ya no tomamos aguardiente… Debido a que tuvimos la gran idea de poner ese alcohol nefasto en una botella de agua de plástico, Cédric, por error, bebió un poco y no le vi escupir, pero no me cabe ninguna duda de que lo hizo. Nadie más ha tocado esa botella, ni los perros…

Alfonso es una persona de más de 60 años y, si bien sabe algo de español, no lo habla cotidianamente. Suele hablar quichua. Es muy complicado entenderle y me imagino que a él le cuesta también entendernos a nosotros. Supongo que es por eso que no entiende las indirectas del “bueno…”, “qué sueño hace…”, “habrá que irse a dormir pronto…”. Hasta que él no decide irse, no se va. Creo que el motivo es puramente cultural. Los comuneros no acostumbran a echar a nadie de sus casas cuando van a visitarlos. Quizás por eso las fiestas duran hasta 3 días. Tengo que profundizar un poco más en esto.

Hay que añadir que cuando Alfonso decide irse, lo hace con decisión y casi de un salto, cosa que también es una sorpresa. Me pide la linterna.

Finalmente, seguimos con la película y ¡me duermo! Y eso que era Resident Evil 3: Extinción… A la cama y hasta mañana. Buenas noches desde los Andes ecuatorianos.

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Quilotoa

No hace falta decir que soy el primero en levantarme aunque, en esta ocasión, mis compañeros tardan muy poco en levantarse. Llamo al señor Marcelo y me dice que hoy no va a subir el bloque a Guayama, que quizás mañana domingo o el lunes. La progresiva adaptación al horario ecuatoriano hace que piense que la expresión “quizás mañana o pasado mañana” signifique esperar por lo menos una semana.

En el autobús Hacemos las compras de rigor y nos dirigimos a la terminal terrestre. En una acción totalmente improvisada decidimos coger el autobús que nos lleve a Quilotoa. El viaje, junto a sus caminos encharcados y los perros que no paran de ladrar (mira que hay perros en Ecuador…), es más bien un París-Dakar. Me hace mucha gracia la inscripción que hay en el espejo interior: “Si la muerte me sorprende sea bienvenida”. Finalmente, después de unas horas, llegamos a Quilotoa, donde tenemos que pagar 2 dólares para entrar.

Primero buscamos hostal y lo encontramos en el Hostal Cabañas. Es un hostal muy bonito y agradable, aunque es mucho mejor si se va en pareja y no con 2 compañeros más que se pasan todo el día tirándose pedos…

Segundo, comemos.

No veo nada... Lo interesante del volcán Quilotoa (3.845m) es la laguna que se ha formado en su cráter. Su agua es de color verde esmeralda, aunque varía a lo largo del día. Después de comer intentamos verla, pero las condiciones climáticas hacen que no podamos ver absolutamente nada. Tendremos que esperar.

Pues a comprar, claro. Allí cerca hay un pequeño mercado, en plan hippie, donde los indígenas intentan venderte todo lo que se pueda. Lo malo es que entras y todos los comerciantes te hacen sentir culpable de su miseria. Es horrible. Es un acoso para convencerte de que compres. Finalmente, después de la negociación de rigor, nos compramos unas chaquetitas de lana de alpaca.

Quilotoa no es muy grande. Eso sí, tiene unas vistas magníficas y muchos hostales. ¡Incluso tienen un billar! Claro que es un billar sin bola blanca, torcido y con un tapete lleno de agujeros, pero un par de cervezas ayudan a sentirnos un poco más como en Europa.

Quilotoa Y al hostal a por una película. Después, la cena, donde conocemos a nuestros compañeros de cabaña: una pareja metalera de Quito, María –una barcelonesa afincada en Italia, con quien hablo en catalán- y Paolo –el italiano de rigor que siempre debe perseguirme-, y el guía de esta pareja. Tenemos una charla muy agradable.

Después de cenar vemos otra película y a dormir. El guía nos dice que debemos levantarnos sobre las 5 de la mañana para ver el amanecer en la laguna porque es un espectáculo realmente hermoso.

Mi estómago va empeorando.

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Alli puncha. Ñukaka Xavi kani. Kikinkunaka.

El idioma materno de la gente de Guayama Grande es el kichwa, un lenguaje muy raro a ojos de un europeo. Hasta hace unos 20 años, este idioma estaba muy deteriorado, destinado exclusivamente a las comunidades indígenas, esas que no molestan mucho. No obstante, fruto de protestas y del deseo de recuperación de la cultura pre-colonial, en la actualidad se ha dado una nueva fuerza a este lenguaje tan raro, incluyendo un programa educativo bilingüe en las escuelas.

Esto no quiere decir que los todos ecuatorianos hablen kichwa (o Runa-Shimi), sólo significa que se le ha dado un carácter oficial. El kichwa sigue relegado a las comunidades indígenas.

Como entre mis teorías está la de que el lenguaje configura -y crea- la realidad, necesito aprender, aunque sea un poco, las bases de este idioma tan raro. El problema es que tengo poco tiempo y cada vez más cosas que hacer. Además, las reuniones de la Asociación de mujeres se hacen en kichwa, así que ya os podéis imaginar mi cara de póquer…

De momento, pocas cosas he aprendido. Sólo algunas salutaciones y el tiempo verbal presente.

Los verbos en infinitivo sólo tienen una terminación: –na. Si eliminamos esta partícula, nos queda la raíz del verbo. A ésta hay que añadirle las desinencias propias de cada tiempo. A saber, el presente del verbo comer:

Pronombre personal

Verbo

Ñuka (yo)

mikuNI

Kan (tú) / Kikin (usted)

mikuNKI

Pay (él, ella)

mikuN

Ñukanchik (nosotros)

mikuNCHIK

Kikinkuna (vosotros/as) / Kankuna (ustedes)

mikuNKICHIK

Paykuna (ellos / ellas)

mikuN / mikuNKUNA

A saber, el kichwa no distingue entre “” y “usted” ni entre el “vosotros/a” y “ustedes” en las formas verbales, pero sí lo hace entre “ellos” y “ellas”. En consecuencia tiene que haber una diferencia social entre lo que hacen “ellos” y lo que hacen “ellas”, cosa que se ve todos los días en mi queridísima Guayama Grande, en donde el género configura la cultura, como en todas partes, por supuesto. Aún así, es demasiado pronto como para profundizar en eso.

Por cierto, el verbo ser es “kana”. ¿Os atrevéis a declinar su presente?

Kayakaman.

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