Otro objetivo

He llegado a la conclusión de que la cantidad de libros que leo es indirectamente proporcional a la cantidad de amor que recibo. Afortunadamente, he recibido menos amor del que desearía, y, entre muchos otrosBarley, he tenido la suerte de leer El antropólogo inocente, de Nigel Barley, y Soy hijo de los Evuzok, de Lluís Mallart i Guimerà. Son un par de libros de un par de antropólogos que se perdieron ambos entre tribus camerunesas y, con mucho humor, describieron lo que se encontraron en un mundo que no era el suyo.

Escribieron sus experiencias y eso me permitió empezar  a conocer qué narices era eso de la antropología (también descubrí que los negros de África no tienen mucho que ver con las películas de Tarzán). Me fascinó.

MallartSoy muy consciente de que quiero ser muchas cosas y, como no podría ser de otra manera, no soy nada ni de eso ni de lo contrario. Y tampoco soy antropólogo, claro. No obstante, uno de los preceptos de la antropología es la observación participante. Es uno de mis máximos objetivos.

Sé que no voy a solucionar la vida de unos indígenas americanos en particular. Un señor de ciudad no va a poder hacer mucho por una comunidad rural. ¡Si ni siquiera sé si las patatas se cultivan o se crían!

Así que uno de mis objetivos fundamentales es aprender. Aprender todo lo que el mal de altura me permita, claro.

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