El viaje (I)

Me hubiera encantado que hubiera sucedido algo importante en mi viaje hacia Madrid y, por eso, cuando el autobús se ha parado en medio de la autopista, he hecho el gesto, casi instintivo, de sacar la cámara, el papel y el bolígrafo. Pero nada a destacar. Se ha bajado el conductor, se ha escuchado un "clonc", ha vuelto a subir, ha arrancado el autobús y hemos proseguido nuestro viaje.

En el autobús Una de las cosas que he aprendido al viajar unas cuantas horas en bus es la de situarme en los asientos finales, para estirarme completamente y poder hacer un intento de dormirme. Ahora esto es mucho más fácil debido a que cada vez hay menos gente que viaje en autobús. He conseguido mi objetivo hasta llegar a Zaragoza. Allí he bajado a fumarme un cigarrillo. Grave error. Parece ser que un chaval, que ha subido en mi deseada Zaragoza, ha tenido la misma idea que yo. Al final nos hemos quedado los dos en los asientos finales, cada uno en un extremo, sin podernos estirar, y manteniendo una guerra mental. Yo le intentaba transmitir eso de "en los asientos delanteros estarás mejor", pero nada de nada. Era un duro rival. Al final hemos hecho la segunda mitad del viaje sentados, ambos con cara de tontos, claro. No he conseguido dormir.

Al bajar en la T4 de Barajas he ido directo al baño. El autobús tenía uno, per es que a mí esos mini-lavabos me dan mucho miedo. He usado la táctica del "me aguanto" y ha funcionado. Son las 6:15.

En la T4 le he preguntado a un guardia de seguridad si la T1 estaba muy lejos para ir andando. Debe haberme visto con pinta de pueblerino: se me ha puesto a reír… De todas formas me ha informado, muy amable, que podía ir en metro o en bus gratuito del aeropuerto. Y ha empezado a hablar del metro, incluso cuando ha aparecido una sonrisa en mis labios cuando he escuchado la palabra "gratuito"… ¡que soy catalán, home!

Una vueltecita en bus en la que he observado las caras de la gente que no sabe adónde la llevan -no como yo- y nos hemos plantado en la T1. Por cuestiones de cortesía, por supuesto, que soy muy educado, he dejado que el resto del pasaje bajara primero. Les he seguido, aún sabiendo -por supuesto- dónde iba yo.

En la terminal he ido de un lado a otro hasta que, a las 9:30, han abierto el check-in. 13,5 Kg de mochila. No está mal. En función a mi peso corporal: 64 tristes quilos, no tendría que llevar más de 8,3Kg… Me paso sólo un poquitín, y un poquitín más si añadimos la mochila de mano (yo paso de bolsos)…

Tras una breve, pero afable, discusión con la señorita del mostrador (para mí que era señora) acerca de cuál es la mejor posición de la mochila para que no se enganche con nada, la cinta transportadora se ha tragado la mochila, me ha dado el documento de embarque -la invitación a la fiesta- y he pensado que me estaba apuntando su número de teléfono, pero no. Lo que me apuntaba eran las posibles puertas de embarque. Creo que me las ha escrito todas porque reamente no tenía ni idea. Tocará buscar.

Y ahora, tras una enésima llamada de mi madre, que creo necesita un par de tilas, me he tomado un cortado y me he comido un croissant. Los he disfrutado. Quién sabe si no los vuelvo a catar en 3 meses…

5 horas para la salida…

1 comentario »

  1. jaci Said,

    octubre 20, 2009 @ 19:33

    hola, yo me voy de voluntaria a Cuzco el día 15 de noviembre, y estoy nerviosa!!! seguro ke toy irá bien, pero no veas, vaya experiencia, me ha encantado leer tu experiencia.

    Un saludo.

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