Culo veo, culo quiero


Me está gustando esto de levantarme el primero para poder hacer mis cositas. Hoy ha tocado ordenar fotografías. Viene Hortencia, la vecina, a pedirnos que quiere 2 mesas, una para comer y la otra para estudiar; exactamente como las dos que nos hicimos los voluntarios, una para comer y la otra para poner los pies…

Parece ser que las cosas aquí tienen un mismo ciclo: si algo va bien, yo también quiero. Culo veo, culo quiero.

Lo jodido es que debemos ser nosotros quienes bajen un tablón de Comuna… Madre mía, con lo que pesan los condenados. Y quiere que las tengamos hechas a mediodía… (me aplicaré eso del horario ecuatoriano y con un poco de suerte estarán listas para la semana que viene).

En la casa de voluntarios hay un gran problema que nos preocupa más que unos tablones y que una mesa: nos hemos vuelto a quedar sin tabaco.

Después de preguntar en las tiendas del pueblo decidimos ir a Guayama san Pedro. Los vicios son una buena excusa para esforzarse cada día… Allí hacemos algunas compras indispensables (básicamente galletas) y nos tomamos una cerveza y unas sardinas con tomate. Como en España. Juego un poco con unos niños y una pelota de tenis. Tropiezo y los niños no paran de reírse… (¡que cab…es!). Se acaba el juego y regresamos a Guayama Grande.


Mesitas... Curiosamente, comenzamos a construir el esqueleto de la mesa pequeña. Lástima que empieza a llover, metemos unas papas a resguardo, y dejamos la mesita para otro día.

Y a clase, a explicar los números romanos a una adulta que estudia a distancia. Vienen los de Funhabit pero en ningún momento tengo contacto con ellos. Más tarde me justificaré afirmando que prefiero enseñarle algo tan útil e imprescindiblemente necesario como los números romanos a una alumna…

Y rutina nocturna: películas, huevos y plátanos fritos, y cama.

Hemos decidido ir mañana a Chugchilán, a conocer a las voluntarias. ¡Uy!, perdón, a conocer los alrededores.

Dejar un comentario