Archive for Antropología

Alli puncha. Ñukaka Xavi kani. Kikinkunaka.

El idioma materno de la gente de Guayama Grande es el kichwa, un lenguaje muy raro a ojos de un europeo. Hasta hace unos 20 años, este idioma estaba muy deteriorado, destinado exclusivamente a las comunidades indígenas, esas que no molestan mucho. No obstante, fruto de protestas y del deseo de recuperación de la cultura pre-colonial, en la actualidad se ha dado una nueva fuerza a este lenguaje tan raro, incluyendo un programa educativo bilingüe en las escuelas.

Esto no quiere decir que los todos ecuatorianos hablen kichwa (o Runa-Shimi), sólo significa que se le ha dado un carácter oficial. El kichwa sigue relegado a las comunidades indígenas.

Como entre mis teorías está la de que el lenguaje configura -y crea- la realidad, necesito aprender, aunque sea un poco, las bases de este idioma tan raro. El problema es que tengo poco tiempo y cada vez más cosas que hacer. Además, las reuniones de la Asociación de mujeres se hacen en kichwa, así que ya os podéis imaginar mi cara de póquer…

De momento, pocas cosas he aprendido. Sólo algunas salutaciones y el tiempo verbal presente.

Los verbos en infinitivo sólo tienen una terminación: –na. Si eliminamos esta partícula, nos queda la raíz del verbo. A ésta hay que añadirle las desinencias propias de cada tiempo. A saber, el presente del verbo comer:

Pronombre personal

Verbo

Ñuka (yo)

mikuNI

Kan (tú) / Kikin (usted)

mikuNKI

Pay (él, ella)

mikuN

Ñukanchik (nosotros)

mikuNCHIK

Kikinkuna (vosotros/as) / Kankuna (ustedes)

mikuNKICHIK

Paykuna (ellos / ellas)

mikuN / mikuNKUNA

A saber, el kichwa no distingue entre “” y “usted” ni entre el “vosotros/a” y “ustedes” en las formas verbales, pero sí lo hace entre “ellos” y “ellas”. En consecuencia tiene que haber una diferencia social entre lo que hacen “ellos” y lo que hacen “ellas”, cosa que se ve todos los días en mi queridísima Guayama Grande, en donde el género configura la cultura, como en todas partes, por supuesto. Aún así, es demasiado pronto como para profundizar en eso.

Por cierto, el verbo ser es “kana”. ¿Os atrevéis a declinar su presente?

Kayakaman.

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Qué es eso de Guayama Grande…

El 16 de enero llegaba a la comunidad de Guayama Grande. Poca cosa sabía de qué narices era eso. Desde la cima en donde nos deja el autobús se ven apenas unas 4-5 casas. ¿Eso es Guayama? No. Guayama Grande es sólo un territorio, un territorio alejado de otros territorios. Sea por peleas, por placer o por azar, unas familias se establecieron a unos cientos de metros de la comunidad más cercana: Guayama San Pedro.

Ambas comunidades pertenecen a la parroquia de Chugchilán, nombre que he tardado 3 semanas en aprenderlo.

En medio de los Andes ecuatorianos viven unas 27-28 familias, aunque genealógicamente sean 4 ó 5. He tenido la suerte de ver e investigar un poco acerca del censo de la comunidad. Sólo hay 4-5 apellidos.

Las casas están bien alejadas unas de las otras, algunas incluso en la cima de una de las montañas que nos rodea. Y tienen un espacio común, más parecido a un pequeño pueblo, con 2 tiendas –espero hablar de las tiendas-, una cancha de baloncesto –donde sólo juegan a ecuavolley-, una pequeña escuela y la sempiterna iglesia, el edificio más alto. Se han unos 10 minutos desde casa hasta la zona común, y cuesta arriba.

Aparentemente, la gente aquí vive del poco ganado que tiene, básicamente ovejas y algún chancho (cerdo), y de lo poco que da la tierra, básicamente papas y quinua. Es una comunidad muy pobre, aunque mi primera impresión fue la de que no les falta de nada, debido al sesgo occidental: yo no tengo ni ganado, ni tierras, ni estas vistas tan espectaculares.

Es cierto que tienen muy poco, incluso los niños van con rotos en sus jerséis y pantalones. Pero hay una cosa que sí tienen estos mismos niños y que envidio: su sonrisa.

Salvo alguna pequeña excepción, el nivel de analfabetismo es bastante elevado y, como siempre han hablado en kichwa (o quichwa, o quichua), no dominan demasiado el español y a algunos no se les entiende cuando conversamos. Utilizo la misma táctica que con el inglés: escuchar alguna palabra y pensar en el contexto. Lo consigo como con el inglés: no me entero de nada.

Como proyectos para la mejora económica y social, varias fundaciones trabajan sobre el terreno, aunque sólo una aporta voluntarios. El último proyecto, por parte de Funhabit, fue el de la cría y mejora de los cuyes (cobayas). De momento se ha quedado sólo en proyecto. Ahora estamos con las granjas de pollos, que creo también se quedará en proyecto.

Se hace difícil cambiar la mentalidad de estos habitantes. En ningún momento estoy insinuando el sesgo de la “superioridad de lo occidental”, sino que me refiero a que todos somos animales costumbristas. Nos gusta la rutina. A los habitantes de Guayama Grande, también. Es difícil hacer algo con ellos que no han hecho nunca. Las papas les convencen, porque las han cultivado siempre. Las ovejas y los chanchos les convencen porque los han criado siempre. Los pollos, no.

Y yo no he venido para cambiar las costumbres de nadie. Para eso existen otras organizaciones. Yo sólo puedo colaborar en lo poco que sé.

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