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El regreso

Las primeras cosas que he hecho al llegar a España:

  • Escupir en el suelo (en España es una mala costumbre, en Ecuador es sólo una costumbre).
  • Comprarme un Ducados… me he mareado después de la primera calada.
  • Meterme la colilla apagada en el bolsillo (hasta la fecha, no he tirado ninguna colilla al suelo).
  • Comprarme unas galletitas de chocolate (Katharina lo entenderá).
  • Querer pagar en dólares y hablar todavía de centavos y no de céntimos.
  • Seguir socializándome y charlar con la gente.
  • Escuchar unas cuantas veces seguidas el Karaway, Vicente Fernández y el Tri.
  • Tomarme un cortado. ¡Bufs! ¡Qué placer! ¡Qué rico está el café en España!
  • Dormir abrazado a mi queridísimo cojín. Parece ser que ya es completamente mío.
  • Echar unas lágrimas.

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El viaje (II)

Primera hora: Me fumo un cigarro. Llego a la T4 y doy vueltas por el aeropuerto. Me siento en uno de los asientos de la cafetería. Están empezado a abrirla. Miro a la gente. La gente me mira a mí.

Esperando... Segunda hora: Ya empiezo a estar cansado de no hacer nada. Pongo en la mesa mi libro de sudokus. Me entretengo un poco pero me gusta más mirar a la gente. Tengo sueño.

Tercera hora: Desayuno en la zona habilitada para fumadores y me fumo unos cuantos cigarros.

Cuarta hora: Exploración de la T4 de Barajas. Veo que abren el check-in y hago la facturación.

Quinta hora: Ahora la ausencia de los 13,5 quilos en la espalda me permiten explorar aún más el aeropuerto. Me voy hasta la T2.

Sexta hora: Hace un frío del carajo. Esta mañana, cuando llegué al aeropuerto estábamos a –6º, ahora no es tanto pero se nota.

Séptima hora: Me fumo los últimos cigarros en España, llamo a familiares y amig@s para despedirme y subo al embarque.

Octava hora: Subimos, menos mal, al avión. No sé si ahora empieza lo peor, que son 13 horas de viaje.

En el avión.

En el avión Primera hora: En el aire. Intento dormir. No lo consigo. Me aburro. ¿Cómo será todo eso del voluntariado? ¿Cómo será Guayama Grande?

Segunda hora: En el aire. Intento dormir. No lo consigo. Me aburro. Me pongo los cascos, a ver si la música me amansa.

Tercera hora: En el aire. Intento dormir. No lo consigo. Me aburro.

Cuarta hora: En el aire. Intento dormir. No lo consigo. Me aburro. Esto es un verdadero suplicio.

Quinta hora: En el aire. Intento dormir. No lo consigo. Me aburro. El vecino es un árabe irlandés. Va a Quito a ver a su novia ¡por primera vez!

Sexta hora: En el aire. Intento dormir. No lo consigo. Me aburro. Qué rara es la tipografía árabe, y más si se observa desde el rabillo del ojo.

Séptima hora: En el aire. Intento dormir. No lo consigo. Me aburro. Instintos suicidas.

Octava hora: En el aire. Intento dormir. No lo consigo. Me aburro. Cambio de hora en el reloj. Me hago un lío.

Novena hora: En el aire. Intento dormir. No lo consigo. Me aburro. ¿Por qué no nos caemos al mar y le doy una alegría a mi madre, por el seguro? Además, me mantendría ocupado.

En el aviónDécima hora: En el aire. Intento dormir. No lo consigo. Me aburro. Vaya, se me ha olvidado en casa el adaptador inalámbrico wireless. No sé si lo utilizaré.

Undécima hora: En el aire. Intento dormir. No lo consigo. Me aburro. 3.469.317 elefantes se balanceaban en una tela de araña…

Duodécima hora: En el aire. Intento dormir. No lo consigo. Me aburro. Coño, cuántas horas seguidas de sol… ¿Dónde están las estrellas? Después de 22 horas ya podría anochecer de una vez…

Decimotercia hora: ¡Por fin! ¡Llegamos a Quito! Lo primero que hago, al salir del aeropuerto, es fumarme un cigarro.

Historia cíclica.

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El viaje (I)

Me hubiera encantado que hubiera sucedido algo importante en mi viaje hacia Madrid y, por eso, cuando el autobús se ha parado en medio de la autopista, he hecho el gesto, casi instintivo, de sacar la cámara, el papel y el bolígrafo. Pero nada a destacar. Se ha bajado el conductor, se ha escuchado un "clonc", ha vuelto a subir, ha arrancado el autobús y hemos proseguido nuestro viaje.

En el autobús Una de las cosas que he aprendido al viajar unas cuantas horas en bus es la de situarme en los asientos finales, para estirarme completamente y poder hacer un intento de dormirme. Ahora esto es mucho más fácil debido a que cada vez hay menos gente que viaje en autobús. He conseguido mi objetivo hasta llegar a Zaragoza. Allí he bajado a fumarme un cigarrillo. Grave error. Parece ser que un chaval, que ha subido en mi deseada Zaragoza, ha tenido la misma idea que yo. Al final nos hemos quedado los dos en los asientos finales, cada uno en un extremo, sin podernos estirar, y manteniendo una guerra mental. Yo le intentaba transmitir eso de "en los asientos delanteros estarás mejor", pero nada de nada. Era un duro rival. Al final hemos hecho la segunda mitad del viaje sentados, ambos con cara de tontos, claro. No he conseguido dormir.

Al bajar en la T4 de Barajas he ido directo al baño. El autobús tenía uno, per es que a mí esos mini-lavabos me dan mucho miedo. He usado la táctica del "me aguanto" y ha funcionado. Son las 6:15.

En la T4 le he preguntado a un guardia de seguridad si la T1 estaba muy lejos para ir andando. Debe haberme visto con pinta de pueblerino: se me ha puesto a reír… De todas formas me ha informado, muy amable, que podía ir en metro o en bus gratuito del aeropuerto. Y ha empezado a hablar del metro, incluso cuando ha aparecido una sonrisa en mis labios cuando he escuchado la palabra "gratuito"… ¡que soy catalán, home!

Una vueltecita en bus en la que he observado las caras de la gente que no sabe adónde la llevan -no como yo- y nos hemos plantado en la T1. Por cuestiones de cortesía, por supuesto, que soy muy educado, he dejado que el resto del pasaje bajara primero. Les he seguido, aún sabiendo -por supuesto- dónde iba yo.

En la terminal he ido de un lado a otro hasta que, a las 9:30, han abierto el check-in. 13,5 Kg de mochila. No está mal. En función a mi peso corporal: 64 tristes quilos, no tendría que llevar más de 8,3Kg… Me paso sólo un poquitín, y un poquitín más si añadimos la mochila de mano (yo paso de bolsos)…

Tras una breve, pero afable, discusión con la señorita del mostrador (para mí que era señora) acerca de cuál es la mejor posición de la mochila para que no se enganche con nada, la cinta transportadora se ha tragado la mochila, me ha dado el documento de embarque -la invitación a la fiesta- y he pensado que me estaba apuntando su número de teléfono, pero no. Lo que me apuntaba eran las posibles puertas de embarque. Creo que me las ha escrito todas porque reamente no tenía ni idea. Tocará buscar.

Y ahora, tras una enésima llamada de mi madre, que creo necesita un par de tilas, me he tomado un cortado y me he comido un croissant. Los he disfrutado. Quién sabe si no los vuelvo a catar en 3 meses…

5 horas para la salida…

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