Mi primera ducha

Ducha Vuelvo a ser el primero en levantarme, caliento agua y dejo que hierva los 15 minutos de rigor. Me hago un café. Poco a poco van despertándose mis compañeros. Hoy es un día grande: voy a ducharme.

Sé que, probablemente, esta acción puede carecer de de importancia pero ¿y si en casa no tenéis ni agua corriente, ni agua caliente, ni ducha? Cuando regrese a España prometo mostrar mis respetos todos los días a la santa bañera.

La gente de aquí -en teoría porque no lo he visto personalmente- calienta agua y la hecha en un barreño. Se lavan como los gatos. Pero como yo soy más retorcido, quiero poner en práctica algo parecido a una ducha normal y corriente. Caliento agua en la jarra de calentar agua para el café y salgo al pequeño lavabo –compartido con los vecinos- donde, en una pequeña habitación contigua, en teoría, está la ducha. La instalación está ya hecha, pero el agua no llega.

Al principio uso una especie de manopla -la funda de una toalla- para ir mojándome el cuerpo. No funciona. Hay que pasar a otras maneras.

Poco a poco, le voy pillando el truco: se trata de tener dos botes de agua: uno con agua caliente hasta arriba (la jarra) y el otro con agua fría por la mitad (la garrafa de 5 litros para ir a buscar el agua a la fuente). Se trata de ir haciendo trasvases para no quemarse ni congelarse. También hay que tener en cuenta la cantidad de agua que se dispone, para no salir con el cuerpo lleno de jabón.

Con paciencia y buen humor, orgulloso y lleno de satisfacción, acabo duchándome.

Hace un frío del carajo.

Trabajando un poco Y ahora, a trabajar. Debemos cavar unos cuantos metros de tierra. Vamos al lugar donde irá la granja de pollos y nos ponemos a cavar a pico y pala. Los niños trabajan con nosotros. En este momento noto el mal de altura. Me cuesta respirar. Cada tres o cuatro palazos tengo que parar a descansar y a tomar aire. Incluso llego a marearme. No acabamos el agujero, pero estamos contentos. Hemos avanzado.

En casa, comemos y aprovechando que no tenemos luz, arreglamos un poco el cableado eléctrico y añadimos algunos enchufes. Poco después nos damos cuenta de que si alguien hubiera tocado el cable rojo de la caja eléctrica, nos hubiéramos hecho muchas cosquillas.

Regresamos de nuevo a nuestra futura granja de pollos. No sólo el trabajo estaba muy avanzado, Segundo y su familia han hecho minga familiar y han acabado el agujero. Fantástico. Vamos a comuna, el espacio comunal de la comunidad. Allí, sucede una cosa igual de surrealista que el resto: me toca montar una batería (Sí, sí, batería musical). No obstante, faltan muchas piezas y otras están rotas. Hago lo que puedo y monto una batería sin ningún plato pero con un tom y un Goliat. Fantástico. Quieren que enseñe tocar la batería a quien quiera aprender.

Comuneros Descansamos un poco, en casa, y a comuna de nuevo: tenemos que ver una presentación en PowerPoint junto a algunos comuneros. Segundo, a su manera, también intenta reeducar a sus vecinos. La presentación es un reenviado de esos en los que se dice que no nos quejemos porque hay gente que está mucho peor que nosotros. Resulta curioso observar cómo en todos los pueblos se considera que hay pueblos peores. Guayama Grande no es una comunidad próspera, no tienen mucho, la verdad. Pero yo, cuando la miro, sólo veo paisajes hermosos, gente que siempre saluda dándote la mano y diciéndote “buenos días” o “buenas tardes”. Veo cosas muy buenas. Pienso en qué pensarían estas personas que nunca han salido de la comunidad si vinieran a mi casa. Probablemente estarían alucinando con mi pueblo igual que yo con el suyo. Eso me hace pensar que debo sentirme más orgulloso con lo que tengo en España. Realmente vivo en un paraíso. ¡Y con agua caliente!

Un poco más tarde, conocemos la Asociación de Mujeres Emprendedoras de Proyecto Rural de Áreas “La Golondrina” de la Comunidad de Guayama Grande (AMEPRAGGJ)… (no sé de dónde viene esa “J”), que, por lo que parece, a fin de cuentas es la que maneja la plata que recibe la comunidad en concepto de ayudas gubernamentales y no gubernamentales. Es bastante absurda la excesiva burocracia cuando leen el orden del día, pasan lista y observo que 10 de 12 son miembros de la junta directiva…

Una de las órdenes era cambiar esa situación tan absurda de que casi todos los asociados fueran directivos. También se habla que, cuando se propuso lo de montar una granja de pollos, sólo el esposo de una asociada estaba de acuerdo, Segundo, y le sabe mal que estemos aquí sólo para beneficio privado. No hay problema, ahora parece ser que todos quieren algo parecido. No sé si las cosas deben ser así, pero sí sé que es muy difícil cambiar la vaguería de la gente de Guayama.

De carpinteros Por la noche (a partir de las 6 ya es de noche) regresamos a casa con unos tablones. Nos hemos decidido a hacer una mesa en condiciones. Me caigo a un agujero y me intento levantar olvidándome que llevo 20 kilos en tablones en mi hombro derecho. Vuelvo a caerme y, ley de Murphy, me doy con toda la rodilla contra una piedra. Es ley de Murphy porque aquí todo es arena y hierba…

Conseguimos serrar las tablas, clavar los clavos, montar la mesa y cenar sobre ella. Está fenomenal. Me doy cuenta de que soy un inútil y de que no sirvo para nada. ¿De qué me sirve haberme leído completamente el Quijote, si no sé montar una chimenea, una mesa o una granja de pollos? En el fondo, es eso lo que interesa aquí.

Película y a dormir. Mañana, a las 9 toca seguir bajando tablones, esta vez para la granja, así que será sobre las 9:30 ó 10 (como mínimo)… Aprendemos los vicios mas malos de la gente autóctona cuando viajamos. Espero no caerme en ningún otro agujero. Espero, eso sí, poder controlar un poco más la altura. Buenas noches.

Comments (1)