Guayama Grande, el vídeo (por fin)

Un recuerdo, un guiño, una sonrisa, una idea, una obsesión, una liberación y una cadena… Todo y nada.

Por fin ha llegado la producción más costosa de lo que llevo de año. Un film lleno de acción, fantasía y sexo, sobre todo mucho sexo (así veréis el vídeo hasta el final)…

Canguil (palomitas), sofá, pañuelos y a disfrutar.

(Quizás el navegador necesite instalar un plugin, si no lo tenéis actualizado, para poder ver la película. Aceptáis y solucionado)

http://guayama.hastio.com/wp-content/uploads/Guayama3.flv

Comments (12)

Culo veo, culo quiero

Me está gustando esto de levantarme el primero para poder hacer mis cositas. Hoy ha tocado ordenar fotografías. Viene Hortencia, la vecina, a pedirnos que quiere 2 mesas, una para comer y la otra para estudiar; exactamente como las dos que nos hicimos los voluntarios, una para comer y la otra para poner los pies…

Parece ser que las cosas aquí tienen un mismo ciclo: si algo va bien, yo también quiero. Culo veo, culo quiero.

Lo jodido es que debemos ser nosotros quienes bajen un tablón de Comuna… Madre mía, con lo que pesan los condenados. Y quiere que las tengamos hechas a mediodía… (me aplicaré eso del horario ecuatoriano y con un poco de suerte estarán listas para la semana que viene).

En la casa de voluntarios hay un gran problema que nos preocupa más que unos tablones y que una mesa: nos hemos vuelto a quedar sin tabaco.

Después de preguntar en las tiendas del pueblo decidimos ir a Guayama san Pedro. Los vicios son una buena excusa para esforzarse cada día… Allí hacemos algunas compras indispensables (básicamente galletas) y nos tomamos una cerveza y unas sardinas con tomate. Como en España. Juego un poco con unos niños y una pelota de tenis. Tropiezo y los niños no paran de reírse… (¡que cab…es!). Se acaba el juego y regresamos a Guayama Grande.

Mesitas... Curiosamente, comenzamos a construir el esqueleto de la mesa pequeña. Lástima que empieza a llover, metemos unas papas a resguardo, y dejamos la mesita para otro día.

Y a clase, a explicar los números romanos a una adulta que estudia a distancia. Vienen los de Funhabit pero en ningún momento tengo contacto con ellos. Más tarde me justificaré afirmando que prefiero enseñarle algo tan útil e imprescindiblemente necesario como los números romanos a una alumna…

Y rutina nocturna: películas, huevos y plátanos fritos, y cama.

Hemos decidido ir mañana a Chugchilán, a conocer a las voluntarias. ¡Uy!, perdón, a conocer los alrededores.

Dejar un comentario

Conociendo los alrededores

En principio, la tarea de hoy era la de cortar uralita (cuyo nombre allí es algo así como “interné”. No tengo demasiado claro si el nombre es ese, pero se parecía bastante), pero Fabián, el hijo de Segundo y quien nos iba a abrir la casa de su papá, donde estaba el material, estaba desaparecido.

Alrededores de la casa Así que en algo debemos ocuparnos. Damos una vuelta alrededor de la casa de voluntarios, a ver el paisaje. Es un panorama fantástico, con una quebrada realmente hermosa. Todo lo que se ve, mirando al frente es hermoso. Da gusto contemplar la orografía andina.

Cédric se queda en la casa a descansar un poco porque se encuentra algo enfermo. Iñaki y yo decidimos ir a la comunidad más cercana: Guayama San Pedro. Es un camino de unos 20 minutos de ida y un poco más de vuelta. Vamos por el atajo. Es cierto que hay carreteras de arena que van dando eses entre las montañas y volcanes andinos, pero son sólo para carros y autobuses. La gente de por aquí siempre utiliza caminos, pequeños e imposibles de seguir por algún vehículo. Más adelante, conocer algunos de esos caminos me ayudará bastante a sobrevivir en solitario.

Guayama San Pedro, comparada con Guayama Grande, parece un pueblo pequeño. Incluso tiene un pequeño hostal y varias tiendas (con tabaco y todo…). Pero lo que nos interesa de Guayama San Pedro es tomarnos una cerveza, que acompañamos con unas sardinas. Casi como el vermú en España. No hay que perder tradiciones. Lo dicho: Esto del voluntariado no parece ahora tan duro…

Nos sentamos en una especie de banco en el exterior de la tienda, frente al camino que conduce a Quilotoa y su laguna. Estamos en la gloria.

Guayama San Pedro Aparecen un par de italianos que se dirigen a Quilotoa, con quienes conversamos. Ellos tienen de senderistas lo que nosotros de religiosos. ¿Cómo se puede pretender subir una montaña a las 12 del mediodía? Son turineses y en seguida nos insinúan que quieren marihuana… (montañistas de pura cepa, lo dicho). Charlamos un poco con ellos, incluso me atrevo con mi desaprovechado italiano, y aparece Kathy, de regreso de la laguna. Todos ellos están hospedados en Chugchilán.

Soy consciente en este momento de van a pasarme varias cosas durante el tiempo que dure mi voluntariado. Entre ellas, sé que voy a conocer a mucha gente y que debo conocer Chugchilán, sobre todo si hay allí 3 voluntarias italianas, según lo que me comenta Iñaki. Finalmente eran alemanas, pero da igual. Aprender alemán también es un reto.

HongosCaminamos un poco con los italianos, hasta que el camino se separa en dos. Nos dicen que las numerosas setas (hongos para los ecuatorianos) que hay por allí son comestibles. Esas setas nadie se las come, ni los perros. Decidimos que las prueben los turineses primero y luego ya veremos.

Llegada, de nuevo, a Guayama Grande, comida y a la asociación a dar clases. Mientras yo estaba con los críos, Iñaki se ha ocupado de Natividad. Allí también damos clases a los adultos que estudian a distancia. Son 5 ó 6 personas y, la verdad, comprobando en primera persona cómo viven y cómo trabajan, querer estudiar me parece un acto realmente loable. La otra verdad es que no suelen venir a las clases…

De regreso a la casa hacemos un poco de domingo, limpiamos. Un poco de cangil (palomitas de maíz) y vemos una película malísima de George Clooney. Afortunadamente, eso nos atonta a los tres. Sobre las 21:30-22 horas nos vamos a la cama. Buenas noches desde los Andes.

Dejar un comentario