Estoy vivo, creo

Después de una jartá de horas (unas 29 horas), he llegado finalmente a Quito. La primera impresión es la del aeropuerto: ¡está en todo el medio de la ciudad! Me he alojado con una familia quiteña muy agradable y, parece ser que hoy mismo me iré hacia Guayama Grande, aunque tengo ganas de quedarme en Quito al menos un día más.

Sufro jet-lag, mal de altura y alteración estomacal. O sea, casi todo lo posible. He comido guayabas y cosas raras con queso y he bebido unos jugos (unos cuantos), he visitado el centro de Quito y, además de eso, estoy bastante bien y muy contento de mi elección.

La población quiteña es asquerosamente educada, al menos en el habla. Todo el mundo se trata de usted y se emplean continuamente muletillas del tipo "muy agradecido", "páselo usted bien" y el sempiterno "ya, ya" (con el que no acabas de saber si te dicen que sí o si te dicen que no).

Información práctica: pese a que en yoigo me confirmaron que en Ecuador tenían servicio de roaming, NO lo hay, así que me he comprado un móvil. No hace falta que me enviés mensajes. Hasta finales de marzo no los voy a leer.

Hoy no esperaba conectarme a Internet, así que no tengo los papeles de mis notas. Ya los iré escribiendo por aquí cuando lo tenga previsto.

A ver si no me pierdo en mi viaje a Guayama. ¡Ánimo!

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Jet-lag, mal de altura y alteración estomacal

Quito

Anoche llegué a Quito sobre las 21 horas. Me fui a dormir sobre las 22 (4 de la mañana en España). Y no podría ser de otra manera: a las 2 de la noche me despierto (son las 8 de la mañana en España). No consigo dormir más. Sólo doy vueltas y más vueltas.

En tres días he dormido poco más de 4 horas. Me levanto a las 7:30 para desayunar, ducharme e irme a la Fundación, a que me informen de lo que sea porque no tengo nada claro. Noto los casi 3.000 metros de altura de Quito: no tengo ganas de fumar. Como tengo fuerza de voluntad, consigo seguir fumando y no aprovechar la altura para dejarlo.

Afortunadamente me acompaña Paola a coger el autobús. Se trata de la eco-vía, un carril especial, en medio de la larga avenida 6 de diciembre, en el que sólo circulan estos autobuses. Es como el metro. Pasan aproximadamente cada 10 minutos. Es una buena idea, pero no tanto como la de ir cientos de personas en él al mismo tiempo. Es imposible tener frío.

En la Fundación hablo con Anita, con Mary y con Francisco. Me informan un poco sobre mi trabajo, sobre la situación de las comunidades y el conflicto minero. Interesante, la verdad. Ellos me colocan en un lugar, perdido en el mapa, y creo que, con sus indicaciones, mi única tarea es la de sobrevivir. Me da la sensación que estaré en un reality show… Creo que pretenden darme miedo, pero sé muy bien que necesito verlo todo con mis propios ojos.

Vuelta a casa y a comer un poco.

Tengo el estómago algo alterado. Me imagino que el cambio en la alimentación me ha alterado un poco. Lo suficiente como para sentirme demasiado hinchado y con gases. Cada uno hace lo que buenamente puede. Yo voy soltando gases…

Un poco de turismo por Quito. Sobre las 17 horas (las 23 en España) me entra mucho sueño, aunque intento aguantar. Espero dormir toda la noche. Son las 21:15. Buenas noches desde el otro lado del Atlántico.

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