Estoy vivo, creo
Después de una jartá de horas (unas 29 horas), he llegado finalmente a Quito. La primera impresión es la del aeropuerto: ¡está en todo el medio de la ciudad! Me he alojado con una familia quiteña muy agradable y, parece ser que hoy mismo me iré hacia Guayama Grande, aunque tengo ganas de quedarme en Quito al menos un día más.
Sufro jet-lag, mal de altura y alteración estomacal. O sea, casi todo lo posible. He comido guayabas y cosas raras con queso y he bebido unos jugos (unos cuantos), he visitado el centro de Quito y, además de eso, estoy bastante bien y muy contento de mi elección.
La población quiteña es asquerosamente educada, al menos en el habla. Todo el mundo se trata de usted y se emplean continuamente muletillas del tipo "muy agradecido", "páselo usted bien" y el sempiterno "ya, ya" (con el que no acabas de saber si te dicen que sí o si te dicen que no).
Información práctica: pese a que en yoigo me confirmaron que en Ecuador tenían servicio de roaming, NO lo hay, así que me he comprado un móvil. No hace falta que me enviés mensajes. Hasta finales de marzo no los voy a leer.
Hoy no esperaba conectarme a Internet, así que no tengo los papeles de mis notas. Ya los iré escribiendo por aquí cuando lo tenga previsto.
A ver si no me pierdo en mi viaje a Guayama. ¡Ánimo!

