Mi primer 3.000
Salida a hacer de turista por Quito. Visito el centro histórico, donde todo es de estilo colonial. Observo que allí, cualquier cosa se hace por dinero. Hasta lo más absurdo, como preguntar adónde se va a x lugar, puede llegar a pagarse. Sólo unos centavos, claro. Hay que confiar más en los mapas y en la aventura. De todas formas, la verdad es que es todo muy barato. Visita al arzobispado y sedes oficiales varias de la municipalidad. Me da la impresión de estar en una película. Los numerosísimos taxis son amarillos. Hay muy pocos turistas, muy pocos gringos. Parece ser que el turismo de verdad suele realizarse los fines de semana. Mejor, más tranquilo.
Me resulta muy curioso que todos los quiteños me informen de que debo tener cuidado con los cacos, que parece ser que se producen muchos robos y, sobre todo, a turistas. También me alertan del peligro de los taxistas, que suelen cobrar de más a los extranjeros. Como consejo, me avisan que debo vigilar que siempre pongan en marcha el taxímetro.
Ya conocemos la devoción católica de los ecuatorianos. Parece ser que conquistadores y misioneros hicieron buen su trabajo. Estos ahora no necesitan edificar ninguna escultura, ya lo hacen los propios ecuatorianos.
Una de las cosas importantes que hay que saber de Quito es que está completamente rodeada de montaña. Quito se va construyendo -porque sigue creciendo- a lo largo del valle que van dejando esas montañas, con el volcán Pichincha a la cabeza, y el resultado es una ciudad larga, muy larga, y relativamente de poca anchura.
Pero claro, aparece una montaña justo en medio de Quito. Intentan botarla pero es quizás demasiado atrevido. ¿Qué hacer con las montañas tercas? Claro que sí, hay que poner una cruz enorme o una escultura religiosa enorme.
En esta montaña, el Panecillo, se llega a los 3.000 metros -¡mi primer 3.000!- y se observan las inclemencias azarosas meteorológicas. La escultura religiosa que aparece justo encima de la montaña es la Virgen, y, como hace poco que ha pasado Navidad, todavía aparecen dos reyes magos adorando a la Virgen. Todo está hecho a escala monumental. Cuanto más grande sea la imagen, antes llegaremos al cielo…
Allí también hay unas cuantas tiendas con productos típicos (y en los quioscos venden alka-seltzers). Lo más destacado, además de la grandiosa figura, es que puede verse los dos Quitos (norte y sur). Y siempre resulta una gratificación poder hacer algunas fotos desde las alturas.
Como curiosidad, parece ser que la montaña tiene forma de panecillo (sí, pan pequeño), aunque yo no he tenido narices de verlo, así que ese es el nombre que se ha quedado.

