Cuerpo limpio, ropa limpia
Hemos pasado la noche en el autobús. Por lo menos hay poca gente que se dirige a Latacunga a estas tempestuosas horas y podemos agenciarnos de un par de asientos cada uno. Hace frío. Desde Guayama sólo sale un autobús hacia Latacunga, el de las 3 de la mañana, así que no hay más remedio (más adelante conseguí tener otras opciones). Para variar, no consigo dormir en el autobús.
Al llegar a Latacunga, sobre las 6:30, nos dirigimos directamente al mercado a desayunar. En España estoy acostumbrado a beberme sólo un café para desayunar. Sin embargo, en Ecuador se acostumbra a desayunar en condiciones. Iñaki y yo nos comemos un seco (arroz) de pollo. Poco a poco y estando fuera de Guayama me iré acostumbrando a comer tanto a primeras horas del día.
Y hacia el Hostal Café Tiana, nuestro centro de operaciones en Latacunga. Directamente nos metemos en la cama, a dormir un poco. Al despertarme toca ducha. Mejor dicho: ¡La ducha! Sienta de narices eso de estar debajo de agua corriente y, además, caliente. Hay un cartel en el que pone que no nos aprovechemos demasiado del agua caliente… No le hago mucho caso. Sólo el hecho de escuchar a la mujer de la limpieza hace que empiece a secarme. Ha merecido la pena. ¡Cuánto echaba de menos una ducha en condiciones!
Comemos sobre las 3 de la tarde: más arroz. Y una cerveza. Salimos a dar una vuelta por Latacunga y, fundamentalmente, a la lavandería. La ciudad no parece demasiado grande, aunque seguro que tiene que serlo mucho más debido a los más de cien mil habitantes que viven aquí. Oscurece y regresamos al hostal, a cenar. En el hostal se come muy y muy bien, la verdad. Nos comemos una lasaña.
Paso algunos momentos de crisis, que se solucionan cuando voy a dormir. Buenas noches.

