El maravilloso mundo de las vacunas es recomendable para todos los públicos. Entiendo que la necesidad de vacunarnos contra la fiebre amarilla puede ser algo absurdo para un europeo, pero la sensación de recibir diferentes cepas de varias enfermedades siempre es un mundo destacable y altamente gratificante.
La cita con la gente de Sanidad Exterior es a las 9:30. Llego a las 9, ya me parezco a mi madre. Directamente me coge una médica/doctora/enfermera argentina muy agradable, la verdad. Me explica largo y tendido todos los riesgos de mi estupidez. La directriz es bastante clara: piensa siempre en lo peor y prepárate siempre para lo peor. He de añadir que pienso más en el tercer corolario de la Ley de Murphy que en los riesgos de mi viaje. Pero me ha convencido.
Sólo he tenido que pagar 17,27 € en conceptos de fiebre amarilla. El resto de vacunas son subvencionadas.
Y es que me han inoculado 5 vacunas diferentes, 5 cepas chulas para mi cuerpo, y cinco líneas de ataque diferentes:
- Fiebre amarilla, en el brazo izquierdo.
- Fiebre tifoidea, en el brazo derecho.
- Tétanos/difteria, en el brazo izquierdo, de nuevo.
- Rabia, en el muslo izquierdo.
- Hepatitis A y B, en el muslo derecho.
Aparece un momento de sufrimiento en el cual la médica/doctora/enfermera se le ocurre mencionar que tenemos que repetir en el brazo izquierdo porque yo ya no tengo más miembros.
…
Hay unos segundos de silencio. Eternos segundos de silencio. Pienso en esas cosas de "no lo digas, no lo digas, no lo digas…". Ella piensa seguramente en "que no lo diga, que no lo diga, que no lo diga…".
No lo digo.
Es lo más doloroso de mi cita con las vacunas. Ahora falta experimentar los virus en mi cuerpo.
